EL ALM JOHN ILLINWORTH HUNT Y LA CORBETA ROSA DE LOS ANDES

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7. AUTOR ARTÍCULO 480 REVISMAR 5/2010 ALEXANDER TAVRA CHECURA Después de reparar las averías en el casco con la ayuda de dos balleneros esta- dounidenses, la corbeta enfi ló a las islas Galápagos, donde pasó un mes comple- tando sus reparaciones. Luego continuó hacia Panamá, apresando en la ruta al bergantín “Cantón” , con un cargamento avaluado en 60.000 pesos. Es interesante mencionar que viajaba a bordo el joven ecuatoriano Vicente Rocafuerte - quién llegaría años más tarde a ser Presidente del Ecuador – al cual, dada su condición de criollo ilustre, fue tratado con especial deferencia por Illinworth. El mismo Roca- fuerte testimonió en sus memorias que, sabedor dicho comandante que él portaba unos tarros con polvo de oro, declaró que éstos contenían dulces, para salvarlos de ser repartidos como botín. Como anticipo al asalto de Panamá, el 17 de septiembre Illinworth atacó la isla de Taboga, defensa avanzada del puerto que contaba con un fuerte de cinco cañones y dos lanchas cañoneras. Illinworth, resuelto a posesionarse de la plaza, se acercó a tiro de pistola del fuerte y rompió el fuego con sus baterías. El duelo duró un cuarto de hora, hasta que el Capitán Desseniers con soldados de marina, asaltaron la batería y la plaza, adueñándose de ella. Mientras tanto, los botes de la corbeta abordaban y rendían a las cañoneras. Esta primera victoria costó a los patrio- tas sólo tres heridos leves; pero la inten- ción de Illinworth era seguir hacia la costa fi rme y cooperar a la campaña libertadora de Bolivar, quien por entonces operaba en Nueva Granada, actual Colombia. Cercano a Panamá supo de la victoria de Bolívar en Boyacá, y decidió combatir en benefi - cio del libertador, ya que su causa era la misma que Chile apoyaba. Navegó hacia el sur, hasta llegar a la isla Gorgona, al sur del litoral de Nueva Granada, rescatando a ofi ciales patriotas confi nados y liberó a Tumaco y Buenaventura en la costa colombiana del Chocó, ocupando la isla Taona y enfi lando a Panamá, plaza que no pudo ocupar por estar muy bien fortifi cada. Sin embargo, logró negociar con el Gobernador español Valverde, en el Real de Santa María, el canje de los prisione- ros españoles tomados en Taboga por los sobrevivientes ingleses de la fraca- sada expedición en apoyo de Bolívar del General escocés Gregor Mac Gregor sobre Portobelo (Panamá) de los que, de 1.400, sólo quedaban 601, siguiendo su crucero hasta la isla de la Gorgona donde liberó numerosos confi nados y apresó otros dos bergantines. Después de pasar por Gorgona, Illinworth asoló las costas del Chocó, y nuevamente los poblados de Izcuandé, Tumaco, Esmeraldas, y Guapi fueron tomados por los soldados de marina chilenos. La acción más descollante tuvo lugar a partir del 28 de octubre de Combate frente a la costa de Ecuador, la corbeta chilena “La Rosa de los Andes” con la fragata española “Piedad”.

8. TÍTULO REVISMAR 5/2010 481 EL ALMIRANTE JOHN ILLINWORTH HUNT Y LA CORBETA “ROSA DE LOS AND ES” 1819 en esta última plaza, situada varias leguas río adentro. La fuerza de desembarco liderada por el Capitán Desseniers, tras una marcha nocturna, asaltó la plaza de Guapi a fuerza de bayoneta y tomó ochenta y cinco prisioneros, apoderándose de los cañones. Aquel golpe produjo la caída de todo el Chocó e Illinworth nombró auto- ridades patriotas tras lo cual, cumplida su tarea libertadora, enfi ló a Tumaco donde fondeó el 8 de diciembre, previo a un nuevo asalto contra las fortifi caciones españolas, consiguiendo tras una breve refriega que la bandera de Chile también ondease en la plaza. La campaña ya había causado varias bajas debido a los combates, las fi ebres tropicales y las privaciones, por lo que Illinworth pasó a la isla de Taboga, a la que convirtió en su base de opera- ciones, y se dirigió a la costa norte del Golfo de Panamá, donde reafi rmó la soberanía patriota y dio descanso a su tripulación. En los primeros días de enero de 1820, fondeado en la bahía de Cupica, supo por indios ribereños que en el mar Caribe, a escasas millas a través del istmo de Darién, se gestaba una cam- paña naval española que, partiendo desde Cartagena de Indias y remon- tando el río Atrato, pretendía reconquis- tar los puertos tomados por Illinworth en la costa del Chocó. Esta información gatilló en la mente del audaz y emprendedor comandante una idea increíblemente osada: cruzar a pie el istmo de Darién con cien hombres, llevando a fuerza de músculos un bote con toda la impedimenta de combate, para destruir por sorpresa la fuerza expe- dicionaria enemiga en la costa del Caribe, antes de que iniciara su desplazamiento. Este uso terrestre de un destaca- mento naval no tenía parangón en la historia de la época. No sólo la fatiga y el calor fueron sus peores adversa- rios. Ni tampoco fueron obstáculos los pantanos, las alimañas, y el repecho de las empinadas alturas, para derrotar el denuedo, el coraje y la determinación de ese puñado de valientes comprometidos en la causa de la independencia ameri- cana. El 4 de febrero de 1820 se adentra- ron en el río Atrato, donde hubieron de vencer la corriente contraria y deslizar el bote a fuerza de brazos, hasta llegar a la costa caribeña. Tanto esfuerzo resultó a la postre, vano, ya que no se encontró huella alguna de la expedición realista. En pala- bras de Illinworth a un amigo a quien le escribiera al respecto, decía: “Yo creo que he sido el primero que ha imaginado atravesar el istmo de la manera como acabo de hacerl...” . Cincuenta años más tarde, el historiador chileno don Benja- mín Vicuña Mackenna se enteró que en uno de los pequeños poblados indíge- nas de la zona de Darién, aún se conser- vaba el bote de la “Rosa de los Andes” utilizado por Illinworth... En vista de esto, Illinworth se dirigió con sus hombres a Cupica, donde se reembarcó en la “Rosa de los Andes” , zarpando el 2 de marzo hacia Izcuandé, donde una fuerza realista había recupe- rado la plaza. Tras un reñido combate que costó 21 bajas a los patriotas, se apoderó nuevamente del puerto y cap- turó otros dos bergantines mercantes, a los cuales despachó a Chile con dotación de presa.

10. TÍTULO REVISMAR 5/2010 483 EL ALMIRANTE JOHN ILLINWORTH HUNT Y LA CORBETA “ROSA DE LOS AND ES” en adelante como “Illingrot”, y contrajo matrimonio en 1823 con la dama guaya- quileña Mercedes Décima-Villa y Cosío, hija de español y heredera de la hacienda “Chonana”, a orillas del río Daule. Luego sirvió como Intendente de Guayaquil y como Almirante de la “Escuadra Unida” Gran – Colombiana - de hecho netamente ecuatoriana - que en 1825 bloqueara el Callao a las órdenes del Almirante chileno Blanco Encalada hasta obtener la rendición del General español Rodíl. Por el valor demostrado, a la capitulación del Callao en enero de 1826, Bolívar lo ascendió a general, y el Perú le otorgó el grado de contraalmi- rante y la ciudadanía honoraria. Illinworth hizo del Ecuador su segunda patria, dedicando todas sus fuerzas a engrandecerla. En 1828 debió volver al combate, asumiendo el mando de las fuer- zas defensoras de Guayaquil, bloqueado por la poderosa fl ota peruana que man- daba el Almirante Guise. Tras un valeroso combate en que dirigió a los fuertes del puerto, rechazó a los invasores, quienes perdieron al Almirante Guise, muerto a bordo de la fragata “Presidente” . En 1830, Illinworth participó en la revolución bolivariana del General Urda- neta, quien lo designó Comandante General de la Marina de Guayaquil. Al fracasar el movimiento, fue deste- rrado al Perú con su familia, viviendo en gran pobreza por más de cinco años y perdiendo todos sus bienes en Ecua- dor. Estando en el destierro, el Mariscal Andrés de Santa Cruz, “Protector” de la Confederación Peruano-Boliviana, le ofreció el mando de la escuadra de la Confederación con honores y sueldos, pero Illinworth no aceptó para no tener que luchar contra Chile, país al que había servido noblemente entre 1819 y 1821. Posteriormente se produjo el des- membramiento de la Gran Colom- bia, tras lo cual Illinworth se retiró dignamente de la vida militar, pero fue llamado de nuevo a servir como repre- sentante de varias provincias ecuatoria- nas, designado Comandante General de Armas de Guayaquil, y Diputado por la provincia del Guayas en 1852. Al fallecer en su hacienda de Daule el 4 de agosto de 1853, a los sesenta y siete años de edad, el Almirante Illinworth ya estaba consagrado por sus conciudadanos ecuatorianos como héroe nacional, reci- biendo los honores de su patria adoptiva. El Ecuador, por ley de la República y por solicitud del Presidente José María Urvina, decretó el 26 de noviembre de 1853 sepultarle en Guayaquil, y levantar sobre su tumba una columna que llevaría en sus costados sus trofeos militares y al pie de ella, una nave en memoria de las proezas logradas por la corbeta chilena “Rosa de los Andes” combatiendo por la independencia americana. En la misma columna iría la siguiente inscripción: “Al General Juan Illinworth, valiente marino que combatió por la indepen- dencia americana y por la libertad del Ecuador, llevando sobre su rostro heroi- cas heridas como insignias de su valor y como trofeos de su gloria. La Historia de Inglaterra, Colombia, Chile y Perú recuerdan sus gloriosos hechos”. Los restos del Almirante Illinworth descansan hoy en Jambelí, bajo la esta- tua que existe en el Paseo de los Héroes, en el Complejo Cívico Naval. - Efectos Estratégicos Derivados de las Acciones Corsarias de la corbeta nacional “Rosa de los Andes”. Los efectos estratégicos derivados de la campaña marítima emprendida por los corsarios chilenos, fueron absolutamente benefi ciosos para las causas libertarias de los distintos pueblos que luchaban por desprenderse del imperio colonial español. Sin asegurar el dominio del mar, jamás habría sido posible evitar que España renunciara defi nitivamente a sus pretendidos dominios en América del Sur.

3. 476 REVISMAR 5/2010 El Almirante John Illinworth Hunt fue un ofi cial de marina británico que sirvió a Chile con distinción durante la guerra de la Independencia y que tuvo gran infl uencia en la formación de la Armada del Ecuador. Su fama se acrecentó en el comando de la corbeta nacional “Rosa de los Andes”, y las osadas acciones marítimas emprendidas contra el poder naval español en América del Sur. El artículo destaca las virtudes militares de Illinworth y el epílogo de su brillante carrera en Ecuador, su segunda patria. Su propósito es ilustrar a las actuales generaciones de marinos en conocer mejor el sentido marítimo de nuestra guerra por la Independencia, y el efecto multiplicador de las acciones navales en su devenir. Alexander Tavra Checura* EL ALMIRANTE JOHN ILLINWORTH HUNT Y LA CORBETA “ROSA DE LOS ANDES” - Introducción. El presente trabajo pretende recor- dar al Almirante John Illinworth Hunt, notable ofi cial de marina británico quien, como varios otros de sus connaciona- les, sirviera con honor a Chile durante la guerra de la Independencia y que pos- teriormente, por causa de las circuns- tancias que relataré, también tuvo gran infl uencia en la formación de la Armada del Ecuador. Su fama quedó oculta en Chile tras las hazañas del Almirante Lord Thomas Alexander Cochrane pero, sin dudas, Illinworth también estaba llamado a destacar por sus dotes de líder militar y naval. Como prueba, se relatarán los resultados de su exitoso crucero de la corbeta nacional “Rosa de los Andes” , asolando las líneas de comunicaciones marítimas españolas en América Sur - Oriental, y ayudando a difundir la idea de libertad de varios países america- nos. El trabajo señalará las principales accio- nes de guerra en que Illinworth estuvo involucrado mientras estuvo al servicio de Chile y también, el epílogo de su brillante carrera naval al servicio del Ecuador, para que las actuales generaciones conozcan mejor el verdadero sentido marítimo de nuestra guerra por la Independencia y el efecto multiplicador de las acciones de las naves del Estado de Chile en el devenir libertario de varios países hermanos. - El marino en acción. Según el destacado historiador chi- leno del siglo 19, don Benjamín Vicuña Mackenna, Illinworth nació el 10 de marzo de 1786 en el pueblo de Stockport, Condado de Chester, en el seno de una buena familia comunera. A los 15 años de edad ingresó al servicio naval como aprendiz (grumete), a bordo de la HMS “Venerable” , navío que tuvo un poco feliz fi nal al naufragar en Torbay, con el novel grumete Illinworth a su bordo. * Contraalmirante. Oficial de Estado Mayor. Graduado del U.S. Naval War College. Magíster en Ciencias Navales y Marítimas, mención Estrategia. Master of Arts International Relations, Salve Regina University, Newport, Rhode Island. Miembro de Número de la Academia de la Historia Naval y Marítima de Chile y de la Academia de la Historia Naval y Marítima del Ecuador. Magno Colaborador de Revista de Marina, desde 2003.

13. AUTOR ARTÍCULO 486 REVISMAR 5/2010 ALEXANDER TAVRA CHECURA La fragata tiene cuatro embarcaciones menores, de la mejor construcción, que son las más útiles y necesarias para su servicio; el lanchón principal de abordaje puede montar un cañón de a 12 (libras) y recibir 35 hombres a su bordo; las dos lanchas medianas pueden llevar 20 hombres cada una y la pequeña, 10, de modo que la fragata puede obrar a un mismo tiempo con 80 hombres, para entrar a un puerto y cortar embarcaciones y dar cualquier golpe de mano que se pretenda. El dueño vende la fragata por la suma de cien mil pesos, recibiendo en pago de ella toda clase de libranzas y créditos documentados que tenga el Ejército (Unido de los Andes) contra el Estado, y que sean abonables en seis meses. Como la fragata está enteramente equipada y en punto de dar la vela, los únicos gastos necesarios, sobre la suma de venta, se reducen a la gratifi cación de enganche y a los víveres necesarios para seis meses. Esta suma, calculada por los agentes, no debe exceder de trece a quince mil pesos, de modo que el costo de la fragata, equipada de un todo y puesta a la vela, no pasará de ciento quince mil pesos. Por lo dicho, se ve claramente que este buque, armado en estos términos, puede batirse contra cualquiera fragata de guerra enemiga; que bloqueadas y destruidas por nuestra escuadra, como debemos suponer lo están a la fecha las fuerzas navales de Lima, no hay cosa que pueda oponérsele en estos mares, ni puerto abierto de donde no pueda sacar los buques y hacerse dueño de cuanto encuentre. El punto principal contra el que debe obrar la expedición es el de las islas Filipinas. Las grandes remesas de numerario que se envían a esta factoría, de todos los puntos donde los españoles comercian con la India, los interesantes retornos que desde ahí se hacen en cambio; su continuo comercio con Cantón y la China; su carencia de fuerzas marítimas para protegerlas, siendo éste, por consiguiente, un crucero enteramente virgen, hacen tener fundadas y casi ciertas esperanzas de reportar grandes ventajas, haciendo grandes daños a nuestros enemigos. La fragata, además, deberá correr a la derrota las costas de abajo, desde el norte de Lima hasta la altura de 20 grados norte de las costas de California. Esta derrota tiene un doble objeto: 1°, de cortar en los mismos puertos menores las embarcaciones que pueda haber, y apresar las que encuentre; 2°, recibir noticias e informes, bien sea por presas u otros medios, del estado de comercio entre Panamá, Acapulco, San Blas (California) e islas Filipinas y otros, en consecuencia. El sujeto que se propone para el mando de la fragata es don Juan Illinworth , el mismo que lo tiene actualmente y lo ha venido mandando desde Londres hasta Valparaíso. Es ofi cial del grado de Teniente de la marina inglesa, donde ha servido quince años y meses, nueve de ellos en cruceros de fragata de guerra; ha navegado cerca de dos años en los mares e islas adyacentes de las Filipinas, de las que tiene un conocimiento práctico; él se hallaba entonces a bordo de la fragata de guerra HMS “Cornelia”, en clase de primer Teniente; las buenas recomendaciones de este ofi cial, tanto de particulares como de las contenidas en su hoja de servicio, y la confi anza y responsabilidad que hace de él, por otra parte, el mismo don Guillermo Henderson, prueban sufi cientemente que es un sujeto digno y capaz de desempeñar la empresa que se le confía. El medio más efi caz de conseguir la realización de este proyecto, sería interesando esencialmente en él a los señores jefes y ofi ciales del Ejército Unido (de los Andes) y a las bajas de sus respectivos cuerpos; como el Estado ha satisfecho sus atrasados con libranzas endosables, se podría desde luego destinar éstas a una empresa que, al mismo tiempo que puede producir el aumento de fondos de sus cuerpos y dar una gratifi cación extraordinaria a la tropa y ofi cialidad, se dirige, por otra parte, a destruir a los enemigos y causarles graves perjuicios . La expedición, por lo mismo, ha de hacerse enteramente bajo los auspicios del Ejército Unido (de los Andes) , y el Excmo. Señor Capitán General (O’higgins) nombrará a su satisfacción, los ochenta hombres de tropa y dos ofi ciales que deben tripular el buque. Cada cuerpo nombrará también un agente particular de su confi anza, para que, en caso de ser removido u otro accidente, represente sus intereses y acciones cerca de los agentes principales. Santiago, febrero 13 de 1819. Antonio Arcos. Por poder de William Henderson, Carlos Dréwveck”.

12. TÍTULO REVISMAR 5/2010 485 EL ALMIRANTE JOHN ILLINWORTH HUNT Y LA CORBETA “ROSA DE LOS AND ES” BIBLIOGRAFÍA 1. Archivo de la “Gaceta Ministerial de Chile” (1819 y 1820) donde se registra la correspondencia o fi cial del Capitán Illinworth con el gobierno de Chile. 2. Datos obtenidos por Benjamín Vicuña Mackenna sobre el crucero de la “Rosa de los Andes”, conferencia dada en la “Sociedad de Amigos del País”, el 29 de mayo de 1869 por don Gavino Vieytes, basada fundamentalmente en la “Gaceta Ministerial de Chile” y en entrevistas a un o fi - cial chileno que hizo su campaña en calidad de Alférez de Artillería, don Francisco Xavier Fierro y Calvo, fallecido en Santiago el 25 de mayo de 1867. 3. Relación inédita de la vida y servicios del General don Juan Illinworth Hunt, escrita especial- mente para Benjamín Vicuña Mackenna en un volumen de más de cien páginas, por su viuda la señora Mercedes Décima-Villa (Guayaquil, noviembre de 1876). 4. “Paper on surveys and reconnissances of the American Isthmus by Commodore D. Ammes”, New York, 1876. 5. “El crucero de la Rosa de los Andes”, Benjamín Vicuña Mackenna, 1876. 6. El crucero de la “Rosa de los Andes” o el paso del Istmo de Panamá por los chilenos, Benjamín Vicuña Mackenna, 1877. 7. Correspondencia inédita del General Illinworth relativa especialmente al paso de la marinería chilena de la corbeta “Rosa de los Andes” al Atlántico desde la bahía de Cupica en el Pací fi co, enviada al mismo autor anterior por el señor Alcides Destruge, hijo político de Illinworth. 8. Archivo de los escribanos de Valparaíso, donde se registran algunos datos y documentos sobre el armamento de la “Rosa de los Andes”. 9. Archivo del Ministerio de Marina de Chile. 10. Revista de Marina de la Armada de Chile, 1886. 11. Relaciones orales a Benjamín Vicuña Mackenna del último sobreviviente de la “Rosa de los Andes”, don Pedro Nolasco Jofré, quien fuera entrevistado en Limache por BVM. 12. “La Armada de Chile: desde la alborada al sesquicentenario”, Rodrigo Fuenzalida Bade, 1968. 13. “Forjadores Navales del Ecuador”, TNNV-UN Mariano Sánchez Bravo, DIGEIM 1985. 14. “La Armada en Imágenes”, Instituto de Historia Marítima del Ecuador, 1987. ANEXO COPIA DEL INFORME EXPEDIDO POR LOS SEÑORES ANTONIO ARCOS Y GUILLERMO HENDERSON, AGENTES NOMBRADOS POR EL EJÉRCITO UNIDO DE LOS ANDES PARA ARMAR EN GUERRA LA FRAGATA “ROSA” , QUE SE HALLABA EN VALPARAÍSO Y A LA CUAL SE AGREGÓ EL NOMBRE “DE LOS ANDES” “Este buque ha sido antiguamente corbeta de guerra inglesa, de primera clase, y construida al intento en uno de los astilleros reales; su dueño (que es el mismo don Guillermo Henderson), la recorrió, armó y pertrechó completamente, con el objeto de ofrecerla en venta al Estado de Chile para su Marina. Su andar es de doce a doce y media millas, con un viento duro, y en el diario (bitácora) de su último viaje son muy frecuentes las singladuras de 250 a 260 millas (por día); su armamento son dos baterías: la baja o de entrepuente, lleva 22 cañones de a 18 (libras) y la superior, o de sobrecubierta, 14 carronadas de a 12 (libras); las miras de proa, en ambas baterías, son 4 cañones largos de a 18 (libras), y su tripulación debe constar de 190 marineros y 80 hombres de tropa, con sus respectivos ofi ciales.

11. AUTOR ARTÍCULO 484 REVISMAR 5/2010 ALEXANDER TAVRA CHECURA El empleo de los corsarios, entre los cuales destacó la corbeta chilena “Rosa de los Andes” , debería ocupar un des- tacado sitial en la maniobra estratégica ideada por el Libertador O’Higgins para consolidar la independencia nacio- nal y liberar al Perú, ya que obligaron a los mandos realistas a dispersar sus medios, debilitándose, lo cual actuó en directo benefi ció de las fuerzas patriotas. Las operaciones emprendidas por la corbeta “Rosa de los Andes” obstaculiza- ron de tal forma el tráfi co marítimo español en el Pacífi co Sur-oriental, que impidie- ron el adecuado y oportuno refuerzo de sus fuerzas terrestres, contribuyendo a la libertad de acción de la naciente Escuadra de Chile, al hostigar y neutralizar las líneas de comunicaciones marítimas españolas mientras apoyaba indirectamente la cam- paña libertaria de la Gran Colombia. Las presas obtenidas por los corsarios y en particular, por el largo crucero de la cor- beta “Rosa de los Andes” , también fueron un signifi cativo aporte en medios y dinero para equipar al Ejército Libertador chileno- argentino que liberó al Perú, destacando los éxitos obtenidos por la valerosa y efi caz campaña corsaria liderada por Illinworth. Su accionar valiente y tenaz, llevó el temor y desazón a los españoles quienes eran una y otra vez dislocados por el inteligente y agresivo uso de su buque, demostrando la fl exibilidad del poder naval y su natural proyección hacia la tierra. - Conclusiones. • El genio visionario del Libertador de Chile, Capitán General don Ber- nardo O’Higgins Riquelme, permitió darle carácter marítimo a la empresa libertaria de América del Sur, al com- prender la naturaleza marítima del confl icto que enfrentaban las nuevas naciones americanas. La organización de la Armada de Chile, su Escuadra Nacional y la Expedición Libertadora del Perú, son la concreción máxima de su pensamiento estratégico res- pecto al empleo del poder naval. • La corbeta chilena “Rosa de los Andes” al mando del Comandante John Illinworth Hunt, con su exitoso crucero de trece meses, prestó valio- sos servicios a la causa de la libertad, comprometiéndose mucho más allá de las tareas de corso encomendadas por el gobierno de Chile, otorgando libertad de acción a la Escuadra Nacional al combatir por la retaguar- dia y zonas periféricas del poder naval español en América del Sur. • John Illinworth Hunt fue un valiente y magnífi co exponente de aquellos marinos extranjeros que contribuye- ron fundamentalmente a la emancipa- ción americana, y a la formación de la tradición naval de los marinos de Chile y del Ecuador. En especial, de aquella que señala que no importan las desi- guales condiciones del combate, sino que es el ejemplo de ánimo y valor del comandante, lo que motiva a su dota- ción a combatir sin tregua ni descanso. • Por sus distinguidas acciones al mando de la corbeta de guerra nacio- nal “Rosa de los Andes” , la memoria del Almirante Illinworth no debe ser olvidada en la Marina de Chile. * * *

6. TÍTULO REVISMAR 5/2010 479 EL ALMIRANTE JOHN ILLINWORTH HUNT Y LA CORBETA “ROSA DE LOS AND ES” vertido en el libertador de los patriotas chilenos desterrados en Juan Fernández, al mando del bergantín “Águila” . Los demás ofi ciales eran tenientes ingleses y norteamericanos, cuyos nom- bres probablemente la historia habría olvidado pero que Vicuña Mackenna pudo recuperar. Ellos eran Samuel Por- tuds, Guillermo Jones, Simón Seymour, y Pedro McGillin. El piloto se llamaba Esteban Hort y se les agregaron dos médicos ingleses, de apellidos Ceeru- lley y Bingham. El contador y el “ama- nuense” principal (Escribiente) eran chilenos, de nombres José Villareal y Pedro Nolasco Jofré. La tropa de desembarco se componía de doscientos soldados, al mando de un joven ofi cial francés de apellido Desse- niers. Según el cronista francés de ape- llido Lafond, quien lo encontrara años más tarde viviendo en Guayaquil, este ofi cial había sido un brillante capitán de lanceros del ejército de Napoleón. Bajo sus órdenes, iban un capitán chileno de apellido Rico y un teniente francés de apellido Cael de Jersieure. Finalmente, la artillería de desembarco estaba al mando del joven teniente chileno de nombre Francisco Fierro. Poco antes de zarpar, la tripulación de la “Rosa de los Andes” realizó sus “capitulaciones” (acuerdo de reparto de las presas) por escritura pública ante sus “aviadores” (que avalaban su campaña y los costos) quienes, como se mencionó antes, eran todos los integrantes del Ejército Unido de los Andes, de general a soldado. Los representaban don Gui- llermo Anderson, comerciante inglés radicado en Valparaíso, y don Antonio Arcos, español desertor del ejército colo- nial, avecindado en Chile, y luego ban- quero... Según las “capitulaciones” esta- blecidas, las presas de la “Rosa de los Andes” se dividirían por mitades entre los captores y “aviadores”, pero Illinworth conservaría 20 partes de las presas para distribuirlas entre los más valientes de sus tripulantes. El primero en saltar a la borda enemiga recibiría tres partes de presa y los doce siguien- tes, dos cada uno. A quien avistara pri- mero las velas enemigas, le doblarían su parte a fi n de estimular la vigilancia, en cambio, al ebrio, indisciplinado o ladrón, se le dejaba sin parte alguna. Del total capturado, por acuerdo general dejarían el uno y medio por ciento para los invá- lidos y a los consignatarios comunes, Anderson y Arcos, el diez por ciento de los productos... Cabe mencionar que sólo el 15 de noviembre de 1817 se había aprobado y emitido un “Reglamento de Corso”, dic- tado por el laborioso Ministro de Marina chileno don José Ignacio Zenteno, y que el 26 de enero de 1819 se autorizó el “Reglamento de Presas”, que regulaba el accionar de los corsarios chilenos, adoptándose el sistema inglés, en base al cual se hizo, donde el almirante o jefe superior recibía 8 partes, y se abonaba, por parte de Chile, 50 pesos por cada negro esclavo liberto que se trajera a la patria para ser incorporado al Ejército Libertador del Perú. - La Corbeta de Guerra “Rosa de los Andes”. La corbeta de guerra nacional “Rosa de los Andes” zarpó desde Valparaíso el 25 de abril de 1819, y ya el 4 de mayo estaba enviando una rica presa a Val- paraíso para ser condenada y vendida: la fragata mercante “Vascongada” , lla- mada también “Los Tres Hermanos” , procedente de Santander. El 24 de junio, a la altura de la isla Santa Elena en la parte norte del Golfo de Guayaquil, trabose en furioso com- bate a corta distancia con la fragata española armada en guerra “Piedad” ; y pese a los mutuos destrozos y nume- rosas bajas tras 9 horas de brega, el encuentro resultó indeciso y los buques se separaron.

9. AUTOR ARTÍCULO 482 REVISMAR 5/2010 ALEXANDER TAVRA CHECURA - El fi n del Crucero de la Corbeta Nacional “Rosa de los Andes”. Las correrías de Illinworth capturando naves españolas que trafi caban entre Panamá y Perú causaron tal incordio a Pezuela, Virrey del Perú, quien despa- chó en su caza a las fragatas de guerra “Prueba” y “Venganza” , las mismas que el Almirante Cochrane había perseguido con tanto empeño en su última campaña. En su búsqueda, los navíos españoles lle- garon hasta Méjico, pero Illinworth supo esquivarlos por largo tiempo. Sin embargo el 12 de mayo de 1820, navegando a la cuadra del río Esme- raldas en territorio ecuatoriano, fi nal- mente se produjo un encuentro con la “Prueba” . Esta era una imponente fra- gata de la Armada española de 1.300 toneladas, 52 cañones y una tripulación de 550 hombres, similar a la fragata “Esmeralda” que Cochrane capturaría posteriormente en el Callao. La superio- ridad del enemigo era manifi esta. Todo indicaba que una rendición no sería deshonrosa, pero Illinworth, quien tenía madera de héroe; aparejó, izó la ban- dera de combate y se lanzó a toda vela contra la fragata española para tomarla al abordaje, sin importarle que de sus 36 cañones, sólo 30 quedaban operativos, y que de los 550 hombres con que zarpara de Valparaíso, sólo restaban ese día, 151... El enemigo, contando con superior alcance artillero, se mantuvo a distan- cia. Dos horas duró la brega pero, sin esperanzas de conseguir éxito, Illinworth optó por retirarse a la costa. Al día siguiente la “Prueba” nuevamente entró en combate artillero con la “Rosa de los Andes” , pero una mala maniobra del velero nacional llevó el combate a corta distancia, dejándolo con capacidad de maniobra reducida. Tras dos horas de dura lucha, Illinworth creyó ver la oportunidad de abordar la nave enemiga, pero un trozo de metra- lla le hirió muy gravemente en la mejilla izquierda alcanzando a dar la orden de retirada antes de caer inconsciente por la hemorragia. Dicha herida le dejó para siempre una profunda cicatriz a la cual Illinworth disimulaba posteriormente sobreponiéndole una placa, lo cual le hizo merecedor del apodo de “Cara de Plata”. En su parte al gobierno de Chile res- pecto a este hecho, de fecha 30 de mayo de 1820 y publicado en la Gaceta Ministe- rial del 7 de febrero de 1821, Illinworth es parco y lacónico, a la par que modesto, característica en toda la correspondencia que enviara al gobierno a cuyas órdenes y bandera fi elmente servía. Considerando que ya había más que cumplido su misión desquiciadora del poder naval enemigo, Illinworth resol- vió volver a Chile. Más, en el viaje de regreso, su nave una tarde varó en la boca del río Izcuandé y todos los esfuer- zos por zafarla, pasadas varias sema- nas, inclusive retirándole los cañones, resultaron inútiles. El buque se dio por perdido y la tropa y marinería fueron licenciadas. Una gran parte de aquellos valien- tes, con Illinworth al mando, se dirigió a Cali, uniéndose a las fuerzas de Bolívar e integrándose a su ejército. Illinworth fue recibido por el propio Bolívar, quien le otorgó el grado de coronel y lo asimiló a un cuerpo de su ejército, en el cual lucha- ron valientemente luego en las faldas del Pichincha y en la batalla de Ayacucho. - Illinworth hace del Ecuador su Segunda Patria. Illinworth fue reconocido por las autoridades Gran - Colombianas, quie- nes lo incorporaron a sus fuerzas nava- les. Luego, en 1822, fundó la Escuela Náutica de Guayaquil, precursora de la actual Escuela Naval del Ecuador, una de las primeras Academias de este tipo en América, y en cuyo seno se forjaron per- sonalidades que más tarde sobresalie- ron en la vida republicana del Ecuador. Fue en esa época que Illinworth cas- tellanizó su apellido, el cual escribiría

4. TÍTULO REVISMAR 5/2010 477 EL ALMIRANTE JOHN ILLINWORTH HUNT Y LA CORBETA “ROSA DE LOS AND ES” (Irónicamente otro naufragio, esta vez en aguas del Océano Pacífi co, terminaría con su último y glorioso crucero, veinte años más tarde...). Diez años después, el joven Illinworth ya era un ofi cial distinguido y más aún, reputado como un héroe. El historia- dor chileno Benjamín Vicuña Mackenna tuvo a la vista los partes ofi ciales de la Royal Navy donde el Comandante del HMS “Surveillante” , Captain Coller, infor- maba del comportamiento de su joven piloto (“mate”), describiendo el heroísmo (“gallantry”) con que Illinworth, en dos ocasiones, atacó a descubierto a baterías francesas en la bahía de Quiberon, cla- vando sus cañones y demoliendo sus trin- cheras a la vista y bajo el fuego enemigo... Por su bizarro comportamiento, Illinworth fue ascendido a Teniente de Navío y en tal calidad, hizo la campaña de la isla de Francia en 1812 en el HMS “Carolina” , cuya conquista signifi có a los ingleses muchas bajas, tanto por la resistencia enemiga como por el clima tropical. Por haberse enfermado con dicho clima regresó a Inglaterra en 1813 y, aunque emprendió aún una corta cam- paña marítima en Holanda y Dinamarca con Sir Samuel Warren en el HMS “Blen- heim” , debió buscar cura a su resen- tida salud en el sur de Francia y España, países donde permaneció por cerca de 3 años, sanando y adquiriendo con mediana perfección el conocimiento del francés y del castellano. - Ingresa al servicio de Chile. Quizás esta última razón infl uyó a que el agente de Chile en Londres, don José Antonio Álvarez Condarco, lo contratara para traer a Chile a Lord Thomas Alexander Cochrane, al mando de la corbeta “Rose” , ex - buque de guerra de Su Majestad Bri- tánica de 400 toneladas y 36 cañones, que permanecía inactiva en el río Támesis en espera de ser vendida a particulares. Para encubrir la verdadera misión de la “Rose” se le habilitó para emprender una misión de colonización del río Columbia, en la costa norte del Océano Pacífi co y, para mejor disimular esta fi cción, en los primeros meses de 1818 Illinworth fue a Alemania en demanda de inmigrantes ger- manos. Sin embargo, Illinworth regresó sigilo- samente a Lon- dres y, dándose a la vela hacia Boulogne sur Mer, tomó a su bordo a Lord Cochrane y su familia (quienes vivían refugiados en Francia) y zarpó a Chile. A fi nes de 1818 la “Rose” recaló a Valparaíso y, dadas las excelentes condi- ciones generales de la corbeta, el recién asumido gobierno de Chile se interesó en adquirirla. La principal razón del interés radi- caba en que el Libertador O’Higgins había captado que la esencia de la mejor estrategia para derrotar a España en sus dominios australes, pasaba necesaria- mente por obtener el dominio del mar. Por ello y apenas ganada la batalla de Chacabuco había declarado a sus Ofi cia- les: “Este triunfo y cien más serán insig- nifi cantes si no dominamos el mar...” . Ante la total ausencia de recursos, agotados por la dura campaña liberta- dora de Chile, los Generales O’Higgins y San Martín concordaron en adquirirla mediante un “préstamo” de un tercio de la paga del ejército chileno-argen- tino (llamado entonces, “Ejército Unido de los Andes”), para involucrar en la empresa a sus tropas desde generales hasta el último soldado. Así, en febrero de 1819 el gobierno chileno adquirió la corbeta “Rose” para la naciente Marina de Chile, y para armarla como nave cor- Vicealmirante Lord Thomas Alexander Cochrane.

5. AUTOR ARTÍCULO 478 REVISMAR 5/2010 saria al servicio de las armas de la liber- tad. Su nombre, en homenaje al gesto del Ejército Unido de los Andes, fue cambiado a “Rosa de los Andes” . Aunque la corbeta “Rosa de los Andes” tenía arboladura de fragata, estaba clasi- fi cada como una fuerte y muy velera cor- beta de guerra de 36 cañones. Por ello se le juzgó capaz de operar en el Pacífi co como buque de guerra del gobierno de Chile, cuya joven bandera habían enarbolado recientemente otros valerosos buques cor- sarios particulares (La “Fortuna” , el “Chi- leno” , el “Bueras” , el “Maipú Lanzafuegos” y muchos otros pequeños bergantines y lanchones de menor porte). Debido a lo anterior, O’Higgins exten- dió a Illinworth los despachos de ofi cial de la Marina de Chile, con el grado de Capitán de Corbeta, y le entregó el comando de la corbeta “Rosa de los Andes” , con una misión de corso muy extensa, para operar por largo tiempo lejos de las costas chile- nas, atacando las líneas de comunicacio- nes marítimas españolas entre las costas del Perú y las de California. También el gobierno chileno preten- día recuperar su inversión a través de las presas que la “Rosa de los Andes” obtu- viera, distribuyendo sus ganancias entre el Ejército Unido de los Andes, y por la extensión de sus acciones, además bus- caba despertar el patriotismo de los pue- blos hermanos del Perú, Guayaquil y Colombia, preparando la ruta que segui- ría luego el Ejército Libertador del Perú. Es necesario recordar que este Ejér- cito fue creado en Chile, fi nanciado por el gobierno nacional y tomando como base a los restos del anterior Ejército Unido de los Andes. Su mando se le entregó al General argentino don José de San Martín, contratado como General del Ejército de Chile , y que sería trans- portado al Perú protegido por la naciente Escuadra chilena que se entrenaba bajo las órdenes del Vicealmirante Lord Thomas Alexander Cochrane. Illinworth era el hombre adecuado para la misión asignada, ya que le agre- gaba su comprobada pericia marinera, y el valor, tacto, la sagacidad y, por sobre todo, su gran carácter de caudillo. También Cochrane confi aba y respon- día por él, y pronto la corbeta “Rosa de los Andes” estuvo lista para iniciar sus operaciones. En menos de un mes tenía a bordo a 550 voluntarios, quienes ya no cabían en entrepuentes, cubiertas e incluso, en el fondo de sus pañoles. Casi la mitad eran tropas de desem- barco y la otra mitad, marinería. De estos últimos, muchos eran extranjeros, ingleses, norteamericanos, rusos, italia- nos, suecos, griegos, malayos y de otras naciones, excepto españoles (Valparaíso entonces, era una importante base de buques balleneros y mercantes de todas las naciones). Los soldados eran mitad chilenos y mitad argentinos. El segundo comandante de Illinworth era el bravo pero indisciplinado Teniente de Navío norteamericano don Raimundo Morris, quien había efectuado la cam- paña de Los Andes desde Mendoza en uno de los batallones argentinos, batién- dose en Chacabuco, y que se había con- ALEXANDER TAVRA CHECURA Acciones de la Escuadra de Chile tras las naves de España en América (1819 a 1823).

1. El almirante John Illingworth Hunt y la corbeta "Rosa de los Andes" Recomendada por: CPFG - EM José Garcés Valverde Jefe de la División de Juegos de Guerra de AGUENA 20 2 2

2. El almirante John Illinworth Hunt y la corbeta "Rosa de los Andes" Lectura recomendada por: CPFG - EM José GARCÉS Valverde ¿Por qué se debe leer? Como marinos de guerra de la Armada del Ecuador, hemos escuchado del almirante John (Juan) Illin g worth Hunt como el fundador de la Escuela Náutica de Guayaquil, pero realmente para él Ecuador fue su segunda patria. El apoyo y participación de la estrategia mar ítima de la época en la campaña independentista fue crucial para el respaldo de lo que el libertador Simón José Antonio de la Santísima Trinidad Bolívar Palacios tenía en mente dentro de su estrategia en tierra. Revisemos entonces esta lectura que habla de la importancia del dominio del mar para conseguir los objetivos en tierra, concept o que aún está vigente en la época contemporánea. Fuente : Revismar (Perú)

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